Renan, que ocupĆ³ la cĆ”tedra de hebreo, escribiĆ³ una Ā«Historia del pueblo de IsraelĀ» y fue jefe de la campaƱa arqueolĆ³gica en Fenicia en 1860; enriqueciĆ³ sus observaciones en Levante con las nociones de cultura e identidad, que ya habĆa adquirido en Europa. IntentĆ³ comprender quĆ© diferenciaba a una sociedad de otra, cĆ³mo definir a un pueblo y, por Ćŗltimo, se preguntĆ³: Ā«ĀæquĆ© es una naciĆ³n?Ā».

Por: Dr. Amine Jules Iskandar
Syriac Maronite Union-Tur Levnon
Asociado de maronitas.org
Escrito para Ici Beyrouth
Publicado el 17 de febrero de 2023
Ernest Renan, interesado por el origen del hombre, los pueblos y las sociedades, se preguntaba por la esencia de las culturas, las civilizaciones y las naciones. La evoluciĆ³n de la humanidad estaba en el centro de sus intereses, especialmente la teorĆa de la selecciĆ³n natural de Charles Darwin. A partir de ahĆ, fue subiendo peldaƱos hasta profundizar en las caracterĆsticas Ć©tnico-geogrĆ”ficas que revelan los vĆnculos entre las religiones y sus entornos naturales. AsĆ, observĆ³ que los pueblos de los bosques eran politeĆstas y modelaban su religiĆ³n y sus rituales en funciĆ³n de la diversidad de las estaciones, mientras que los semitas del desierto se inclinaban mĆ”s por el monoteĆsmo.

La vida de JesĆŗs
Renan quiso ir cada vez mĆ”s lejos en su intento de comprender de forma positivista el origen de las civilizaciones y las religiones. Esto le llevĆ³ al Levante, donde enriqueciĆ³ sus investigaciones sobre la religiĆ³n fenicia, el judaĆsmo e incluso el cristianismo. Fue en Ghazir donde escribiĆ³ La Vie de JĆ©sus (La Vida de JesĆŗs), que le valiĆ³ la suspensiĆ³n de su puesto de profesor de hebreo en el CollĆØge de France por blasfemia e insulto a la fe cristiana. Fue el primero de los siete volĆŗmenes de su Histoire des origines du christianisme (Historia de los orĆgenes del cristianismos), publicada entre 1863 y 1883.
Su positivismo le llevĆ³ a un acercamiento cientĆfico a la persona de JesĆŗs, que le parecĆa un revolucionario extraordinario, un fundador de la religiĆ³n absoluta, de la religiĆ³n por excelencia. Pero, al fin y al cabo, era un hombre, no un Dios. Renan amĆ³ y admirĆ³ profundamente a JesĆŗs sin divinizarlo. IntentĆ³ encontrarse con su realidad en la vida cotidiana, la de los habitantes del mismo paĆs. VisitĆ³ el Levante, especialmente el LĆbano, al que sentĆa un apego particular. DejĆ³ tras de sĆ a su hermana Henriette, es cierto, pero tambiĆ©n se encontrĆ³ con el pasado bĆblico y antiguo a cada paso, ante cada rostro y en el sonido de cada voz. La belleza de la gente que encontraba los domingos en las plazas de las iglesias, los cantos litĆŗrgicos, la frescura de la naturaleza y el acento de los aldeanos se combinaban con sus descubrimientos arqueolĆ³gicos y sus conocimientos antropolĆ³gicos y lingĆ¼Ćsticos.
LĆbano
EscribiĆ³: Ā«Bajo el nombre de sirĆaco, e identificado con el dialecto de las poblaciones del LĆbano, el fenicio atravesĆ³ la Edad MediaĀ». Fenicia no habĆa desaparecido; seguĆa ahĆ, viva. Pocas personas han comprendido y sentido el LĆbano tan Ćntimamente como Ernest Renan. LlegĆ³ al LĆbano con el ejĆ©rcito de NapoleĆ³n III y emprendiĆ³ la primera campaƱa arqueolĆ³gica con su Mission de PhĆ©nicie (Calmann-LĆ©vy, 1864); MisiĆ³n de Fenicia). Esta obra es un tesoro que no se limitĆ³ a una sola parte de la AntigĆ¼edad, sino que incluyĆ³ descubrimientos fenicios, griegos, romanos, bizantinos, francos y sirĆacos. Al estudiar todos estos estratos, Renan comprendiĆ³ la porosidad que caracteriza a estos periodos entrelazados. Se continĆŗan y se complementan. La cultura local se encuentra con cada uno de ellos. El fenicio asimila el arameo antes de abrirse al griego. El arameo se heleniza y cristianiza para dar lugar al sirĆaco, y todo ello resuena aĆŗn en el Ā«dialecto de las poblaciones del LĆbanoĀ».
Renan no conoce necesariamente el fenicio, pero domina otra forma de cananeo, el hebreo. UtilizĆ³ la escritura hebrea para transcribir los epĆgrafes fenicios de su Mission de PhĆ©nicie. Su conocimiento del cananeo le permitiĆ³ distinguir similitudes en el sirĆaco litĆŗrgico que escuchĆ³, asĆ como en la lengua dialectal que encontrĆ³ en las montaƱas.
Pero Renan tambiĆ©n comprendiĆ³ la influencia de la naturaleza salvaje y las profundas gargantas del LĆbano en la religiĆ³n fenicia y en el cristianismo maronita. AsĆ como el culto pagano parece haberse nutrido de la brutalidad de los valles oscuros y escarpados, la suavidad de las laderas mediterrĆ”neas impregna el rito cristiano y la personalidad de sus montaƱeses.
ĀæQuĆ© es una naciĆ³n?
Como profesor de hebreo, autor de una Histoire du peuple dāIsraĆ«l (Historia del pueblo de Israel), jefe de la campaƱa arqueolĆ³gica en Fenicia en 1860, y tras haber visitado Grecia y Asia Menor en 1865, Renan enriqueciĆ³ sus observaciones ya adquiridas en Europa sobre las nociones de cultura e identidad. ĀæQuĆ© diferencia a una sociedad de otra y cĆ³mo definir a un pueblo? Ā«ĀæQuĆ© es una naciĆ³n?Ā», seguĆa intentando comprender en una conferencia que pronunciĆ³ en la Sorbona en 1882.
La nociĆ³n de Estado-naciĆ³n era todavĆa un concepto relativamente reciente. En la antigĆ¼edad, tanto para los fenicios como para los griegos, la pertenencia era relativa a una ciudad y a su territorio inmediato. Para los romanos, bizantinos y otomanos, era el imperio el que borraba cualquier otra consideraciĆ³n. Pero el siglo XIX es el siglo del gran cuestionamiento: Āæes la naciĆ³n una comunidad de raza, lengua o religiĆ³n? ĀæEstĆ” necesariamente definida por fronteras naturales?

Raza
La raza es lo que menos define la nacionalidad. El Imperio Romano habĆa desafiado esta nociĆ³n al privilegiar la ciudad o la provincia, independientemente del origen de sus habitantes. El cristianismo, por su carĆ”cter universal, le asestĆ³ el golpe definitivo. En Oriente, cuando la Provincia Syria cristianizada desarrollĆ³ su nueva lengua sirĆaca, no hizo distinciĆ³n entre fenicios, arameos o griegos. En Occidente, las invasiones bĆ”rbaras trazaron las fronteras entre sus respectivos reinos sin tener en cuenta lo mĆ”s mĆnimo los datos Ć©tnicos.
Francia serĆa asĆ celta, ibĆ©rica y germĆ”nica, nos dice Renan; Alemania serĆa germĆ”nica, celta y eslava; Italia reunirĆa galos, etruscos, pelasgos y griegos; las Islas BritĆ”nicas ofrecerĆan una mezcla de sangre celta y germĆ”nica. Para Renan, el criterio racial es una quimera. Nos recuerda cĆ³mo Ā«el estudio de la raza es de capital importancia para el erudito que se ocupa de la historia de la humanidad, mientras que no puede tener ninguna aplicaciĆ³n en polĆticaĀ».
MĆ”s recientemente, el investigador Pierre Zalloua, conocido por sus trabajos sobre el genoma fenicio e incluso maronita, ha declarado en repetidas ocasiones que sus descubrimientos no definen la identidad, ya que Ć©sta sigue siendo un valor cultural. Su trabajo sobre el ADN, afirma, debe seguir siendo comparable al de los arqueĆ³logos que sondean el suelo en capas sucesivas. Los datos obtenidos tienen el mĆ©rito de arrojar luz sobre acontecimientos, estratos, fechas y movimientos, no sobre la identidad de un grupo humano.
La lengua
A la vista de varias experiencias, la lengua, no mĆ”s que la raza, no parece definir la nacionalidad. Renan pone el ejemplo de Suiza, donde coexisten tres lenguas, tres religiones y cuatro etnias. Pero tambiĆ©n seƱala casos de mutaciĆ³n lingĆ¼Ćstica, como Prusia, que hablaba eslavo hace unos siglos, Gales, que se ha convertido en anglĆ³fono, y Egipto, cuya lengua ha sido sustituida por el Ć”rabe.
La lengua no puede definir la polĆtica, aunque su influencia cultural sea innegable. Un brasileƱo no es portuguĆ©s, pero la lengua portuguesa que utiliza proyecta sin duda una identidad cultural latina y catĆ³lica. A travĆ©s de la lengua inglesa que ha adoptado, Estados Unidos se ha construido sobre un modelo anglosajĆ³n y protestante.
Muy a menudo, la lengua ha contribuido a trazar las fronteras entre los paĆses y ha ayudado a la gĆ©nesis de los Estados-naciĆ³n. Pero en muchos casos, este criterio por sĆ solo no ha sido suficiente e incluso puede haber estado ausente. La cuestiĆ³n es, por tanto, si la religiĆ³n, la geografĆa, la historia o algĆŗn otro criterio pueden definir la naturaleza de la naciĆ³n.
Para leer el texto original en francƩs: La nation, vue par Ernest Renan (1/2)
Para leer el texto en inglƩs: Ernest Renan on the nation (1/2)